Kyiv
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El escándalo del Grafiti del Maidán: ¿borrar la memoria histórica?

El escándalo del Grafiti del Maidán: ¿borrar la memoria histórica?

El 10 de febrero de 2014, en plena resistencia, cuando los sucesos del Maidán en la calle de Grushevskiy de Kiyv, un artista con el pseudónimo Sociopath pintó un grafiti en la pared del Instituto de Lengua ucraniana de la Academia Nacional de Ciencias (calle Grushevskiy, 4) en el que aparecían, con pasamontañas, Taras Shevchenko, Lesia Ucrayinka e Ivan Franko, famosas figuras culturales de siglos XVIII y XIX.

El 2 de septiembre de 2017, la periodista Tetiana Vysotska escribió en Facebook que los grafiti habían desaparecido del lienzo del Instituto de Lengua ucraniana de la Academia Nacional de Ciencias, un edificio cuya primera planta se alquila a una tienda de muebles de lujo, Emporium. Vysotska añadió fotos y vídeos a su publicación donde se veía a Igor Dotsenko, propietario de la tienda, dando instrucciones al trabajador que estaba cubriendo con pintura los grafiti.

En un primer momento, Dotsenko comentó el hecho en su página en Facebook: «Es un caso como otro cualquiera de arte callejero que limpian regularmente los servicios comunales. No se haga una tormenta en un vaso…». Pero, después de una reacción violenta del público (el 3 de septiembre, activistas se congregaron cerca de la tienda, destrozaron la puerta de vidrio del edificio y escribieron en las paredes: «Aquí estuvo el Maidán y aquí estará siempre», «No podrás quitarlo» y «No vuelvas a hacer eso jamás»), Dotsenko cambió su punto de vista y dijo no tener relación ninguna con la destrucción del grafiti. Además, quiso hacerse pasar por víctima de los vándalos: «Estimados ciudadanos,  Emporium está cerrado. A pesar de que durante tres años y medio cuidábamos los grafitis, nos hemos convertido en los rehenes de provocadores que habían cubierto con pinturas estas obras», dijo Dotsenko.

Más tarde,  se informó de que Dotsenko no tenía ningún derecho a repintar la pared. La tienda Emporium alquila el espacio interno del edificio del Instituto de Lengua ucraniana de la Academia Nacional de Ciencias; y, por eso, no tenía derecho a cambiar la vista del lienzo. En el Instituto dicen que en el contrato con el arrendador no se decía nada sobre la vista exterior del edificio. «La autoridad responsable del patrimonio cultural debe cerrar unos acuerdos especiales en los que se indique qué puede hacerse y qué no. Pero la ley presupone que si no se hace así, ello no libera al propietario de responsabilidad en caso de deterioro o destrucción del monumento patrimonial», dijo Tymur Bobrovskiy, miembro del Consejo Internacional para la protección de monumentos y sitios culturales.

El autor de los grafitis originales ya ha accedido a renovar los retratos, aunque con la condición de que se le dé un derecho legal para hacerlo. «Ningún representante de instituciones estatales, salvo los ucranianos de a pie, me ha pedido renovar las pinturas. Espero que entendáis que la renovación no autorizada es imposible en esta situación. Os prometo que renovaré la Trilogía tan pronto como la situación se desarrolle correctamente», escribió Sociopath en su página en Facebook.

No se sabe qué va a pasar no solo con los grafitis, sino también con el local donde ha estado la tienda. Pretende usarlo el Museo Nacional de la Revolución de dignidad para hacer una exposición. Pero la jefatura  del Instituto declara que después de rescindir un acuerdo no van a alquilar el local.

La Fiscalía de Kyiv abrió un proceso penal por causa de destrucción del monumento. A los acusados les amenaza desde la multa hasta tres años de encarcelamiento.

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